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El Consejero Web: ¡Paroles, paroles, paroles – immagine, immagine, immagine!

¡Paroles, paroles, paroles – immagine, immagine, immagine!

La canto en mi mente cada vez que oigo alguna persona decirme algo a lo que considero no es verdad, especialmente cuando me están prometiendo villas y castillos, ¿Conoces la canción de Dalila de los años 70?, no es de mi época, pero la cantaba mi madre al mientras cosía los macarrones con su rica salsa boloñesa. Yo era de la cultura del logos, donde se apreciaba y se valoraba el que hablaba, era de los que memorizó la norma del buen oyente y hablante, –  escuchar a la persona que habla y mirarlo atentamente a los ojos –  era de la cultura donde la palabra cobraba tenía importancia, se tomaba en cuenta, respetaba y cumplía, donde lo que se decía, transcendía, y lo que se pronunciaba, afectaba.

Creo que eso ha cambiado y no sé si para bien, yo mismo he cambiado, estoy inmerso en una cultura distinta, vivo, mejor dicho vivimos en la cultura de la imagen, pasamos de la palabra a la imagen, la imagen nos gobierna cada día y nos anarquiza, muchas veces la imagen nos intenta manipular, para hacernos mover por lo que vemos, ejemplo algunas Ong que en su portada de solicitud de suscripción ponen a un niño sufriendo en el mal llamado tercer mundo, los comercios con sus carteles de chicas de medidas 70-50-70 imponiéndonos una silueta, la foto del banco con la familia feliz abrazada en el jardín de su casa cuyo lema dice; “crecemos contigo”, cuando en verdad sólo crecen ellos con los intereses, todos quieren ya no decir una palabra, quieren mostrarnos una imagen, tú mismo quieres mostrarte distinto a lo que eres.

De sólo entrar en las redes sociales nos supone cada vez más un agotamiento, saturación, nos encontramos con una invasión de imágenes y vídeos que nos  animan a ver ilimitadas de fotos, imágenes capturadas con móviles, publicaciones, vídeos cortos y largos, chistes, comidas fotografiadas, momentos inmortalizados, de la noche a la mañana ahora todos somos profesionales de la imagen, todo lo que veo me anima sencillamente deslizar el dedo gordo rápidamente para llegar al final de las publicaciones y luego cerrar la sesión.

Pasé la prueba del sí quedarme o salirme de las redes sociales hace años, de si limitar las plataformas de comunicación o dejarlas todas abiertas, en fin, me di cuenta que el problema no es estar o no dentro de las redes sociales, sino el cómo estás dentro de ellas, me di cuenta que tú eliges el cómo. Confieso que nunca me sentí bien cuando tenía que asistir a fiestas;  “Aunque usted no lo crea, de Ripley” pero es así, por compromisos debía estar y asistir, de hecho las grandes celebraciones empresariales no me llaman la atención, siempre ando pensando en cómo puedo no asistir pero es parte del trabajo, con el tiempo me di cuenta que tenía la capacidad de poder estar y hacer de esa fiesta un lugar propio, un espacio donde llevar a mi terreno a otros, unos venían conmigo otros pero otros se alejaban, el clima lo terminaba creando yo, eso sí, sin capitalizar la fiesta para mí, sin ser el florero, sin robarme el show, sin ser el centro, aprendí a crear un espacio donde hacer sentir cómodo y diferente a otros en medio de La Bilirrubina de Juan Luis Guerra.

Esta puede ser una clave importante para ti hoy, Mark Zuckerberg (creador de Facebook), la semana pasada se tomó un jet privado desde California para venir al Mobile Word Congress de Barcelona para decir algo que ya sabemos y  venimos experimentando, “La necesidad de estar conectados” recordemos tan sólo que en la antigüedad usábamos tambores y humo para transmitir información entre localidades. ¡Eureka Mark!, yo te digo; ¡Comunicación sí!, ¡Saturación no! No sería capaz de decir lo contrario a Mark, pero si reivindico la importancia del silencio. Esto lo hemos perdido y no sabemos cuándo. “Necesitamos más silencio. Silencio en palabras, silencio en vídeos, imágenes, silencio en el alma, silencio en el corazón.

Te propongo el siguiente reto para este mes. Sal a caminar y procura alejarte de la ciudad, deja el IPod, ningún Smartphone y deja el libro, no te lleves nada, llévate a ti mismo, entra en contacto con la naturaleza y admírala, afina tu oído, mira sólo lo creado naturalmente, luego cierra los ojos físicos para abrir otros, los del espíritu. Déjate llevar en las voces del silencio interior, y escucha allí la inmensidad de Dios.

Acerca del autor
Conferenciante, especialista en espiritualidad bíblica, Lic en Admin y Marketing, aveces blogero, humano, ¡Sí! ante todo eso, siento, aprendo, existo, vivo. He desarrollado desde muy joven proyectos religiosos para diversas editoriales, así como talleres de formación en valores, vida interior, psicología religiosa.

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