info@yosoyvenezolano.com

¿Tiene precio de la felicidad?

carolinaalvarezLa publicidad utiliza como materia prima la insatisfacción humana. Le promete al potencial comprador que la satisfacción tendrá lugar de forma inmediata siempre y cuando adquiera el producto que publicita. Una vez satisfecho el individuo alcanzará la felicidad. Para muchas personas resulta tentador creer en esta promesa. ¿Acaso hay una vía más rápida para deshacerse del vacío interno? y si la hubiese ¿por qué optar por un camino distinto que seguramente será más lento y requerirá esfuerzo?

Muchas personas aficionadas a salir de compras ignoran el poder de manipulación que está detrás de las técnicas publicitarias. Piensan que compran artículos de forma libre. Sin el menor atisbo de estarse percatando, muchos compradores son manipulados para que, de forma pasiva y alienada, adquieran el artículo publicitado. Si usted es de los que piensa que se conduce con absoluta libertad a la hora de comprar deténgase un minuto y pregúntese: ¿Cuántas cosas ha comprado a lo largo de su vida que jamás ha utilizado? Basta que venga a su mente aquel objeto que con ilusión compró y que con el paso del tiempo nunca usó o aquel otro que guardó durante años en su trastero o en su armario para que se evidencie que ha caído en la trampa consumista.

Esto no es un manifiesto en contra de la publicidad, en absoluto. Sólo es una invitación a pensar acerca del acto consumista y del engaño al que lleva si se sustenta en la idea de alcanzar la felicidad.

Si el objeto de consumo colmara algún espacio vacante en nuestro interior ¿Por qué seguir comprando y comprando? ¿Por qué no cesa de aumentar el flujo de objetos que desfilan ante nuestros ojos a través de todos los medios de que dispone la publicidad? La respuesta es obvia: el objeto comprado es un señuelo que parece llenar cuando en realidad, después del acto consumista, la persona se encuentra tan vacía como estaba al principio. El consumismo no evita que la persona se tropiece con-su-mismo vacío.

El acto consumista proporciona una efímera sensación de felicidad y es precisamente esa fugacidad la que obliga al comprador a seguir comprando en un intento de volver a reeditarla. Sin embargo, como a la vuelta de la esquina lo que le espera otra vez es la insatisfacción, el consumo vuelve a tener lugar. El vacío que no deja de reaparecer es lo que retroalimenta el consumo. Una vez activado este mecanismo de retroalimentación la publicidad ha triunfado creando a un consumidor alienado que no deja de reincidir.

Aquel que ha comprado algo con la ilusión de escapar de algún malestar emocional sabe muy bien de lo que hablo. No nos engañemos, no hay objeto alguno que proporcione la felicidad. Si alguien se encuentra infeliz debe entender las razones de su infelicidad y esto, señoras y señores, requiere tiempo y esfuerzo. La verdad es que no hay nada que compre la felicidad, en otras palabras, la felicidad no tiene precio.

Carolina Alvarez Sicilia – Psicóloga-Psicoterapeuta-Psicoanalista

Datos de contacto: Móvil: 606132376    /  Correo: psicomadrid@gmail.com

Acerca del autor

Deja una respuesta

*

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies