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¡Chevere Cambur! Un glosario rico en expresiones coloquiales venezolanas

 

cambur

Algunas expresiones coloquiales pueden delatar nuestra edad.

No es una regla sin excepción: existen las de vieja data que sobreviven por los siglos de los siglos. He aquí un glosario que las reúne.

¿Ustedes las reconocen?

Determinar el principio y el fin de una expresión coloquial es una tarea compleja que requiere de muchos años de investigación. Así lo asegura Francisco Javier Pérez, lexicógrafo y docente de la Universidad Católica Andrés Bello, autor del Diccionario del habla actual de Venezuela y del libro El insulto en Venezuela. Pérez explica, en términos sencillos, que si una frase se instala en el habla de determinada comunidad es porque posee una característica esencial: el uso cotidiano del hablante.

“El valor cultural de la fraseología venezolana radica en que es un instrumento creativo de comunicación coloquial”. Destaca Pérez que es muy “arriesgado” enmarcar estos coloquios en un lapso determinado de la historia debido a que hay algunos que, pese a su uso actual, se gestaron en épocas remotas. Algunos de los seleccionados para este trabajo fueron extraídos de la bibliografía mencionada anteriormente, otros se recogieron en entrevistas a personas entre 13 y 70 años, quienes aportaron la respectiva “traducción” de cada uno. No están todos los que son, pero este es un buen paneo por el mundo de esas expresiones.

Saludo, cordialidad

Los venezolanos tienen fama de amigueros. Y la amistad se expresa, en este caso, a partir de sustantivos que aluden al vínculo familiar y otros llenos de informalidades.

¿Qué hubo, compadre?: El nexo que crea la Iglesia a través del bautizo puede ser empleado entre amigos, pero también es usado indiscriminadamente dentro de cualquier arepera. Se puede decir que pertenece al grupo de las expresiones que evocan de alguna manera a la familia, estilo: “Ok, mi hermanazo”, “¿Qué pasó, mi tío?”, etcétera.

¿Qué pasó, papá?: Quizás es una de las expresiones más usadas en el área metropolitana de Caracas. Forma parte de la familia de todas en las que la figura del progenitor juega un papel fundamental: “Venga, papito, venga” (para los niños), “Ay, papi”, (en el contexto de pareja). “Vaya, papa” (sin acento) bien puede mencionar alguien que entrega un pedido dentro de un establecimiento, significando: “tenga, señor”. “Cuídese, padre”, le pide un camarada a otro
en la despedida.

¿Qué más?: La pregunta indica interés en algo nuevo que haya sucedido en la vida del interrogado. A veces no tiene respuesta, lo cual puede generar silencios incómodos, cuando no se resuelve con un
“todo chévere”

¿Pendiente de qué? Puede traducir algo. así como: “¿Qué quieres hacer?”. Es una pregunta empleada dentro de múltiples contextos y bajo diversas construcciones: “¿Pendiente de una ida a la playa?”,
por ejemplo.

Háblame: Además de un saludo, este verbo, conjugado en segunda persona,  supone un “ahorro” de palabras para individuos que quieren significar frases como: “Dígame, ¿qué desea, señor?”. También se emplea cuando se quiere saber qué se va a hacer en determinado contexto, cuál es el plan  a seguir.

Cuéntamelo todo: Literalmente significa eso. El asunto es que se ha transformado en una suerte de frase obligada cuando la parte interesada espera ansiosamente una información (por lo general, un chisme).

¿Qué deseas, mi reina?: El título máximo de la realeza se impone a la hora de ofrecer un servicio. Es menos común en las damas pronunciar: “Dígame, mi rey”, pero tampoco es tan inusual. Le siguen en popularidad: “Mi princesa, mi príncipe”, según el caso.

Epale: Supone un sufijo al conocido: ¡Epa!, en señal de saludo.

Pida por esa boquita: Significa eso, literalmente, cuando se quiere hacer un favor a alguien.

De piropos y cortejos

Los adjetivos calificativos y ciertos sustantivos “adornan” el palabrerío de quien está dispuesto a dar la batalla en la conquista del amor.

¿Qué pasa en el cielo que los ángeles están en la tierra?: Se les decía a las damas de antaño para halagarlas, sin embargo hay más de un clásico que, a pesar de estos tiempos de reggaeton, todavía la usa.

A Fulana le están madrugando los bungos: También es antigua y significa que la susodicha es pretendida. Los bungos, según lo explicado por una de las señoras entrevistadas para este trabajo, eran las cestas que, antaño, se utilizaban para atrapar la presa en el momento de la pesca.

A Fulano (a) lo (a) están atacando: Aunque ya era conocida en los años cincuenta, todavía se usa para dar a entender que un hombre o una mujer está siendo cortejado (a). En el libro Muestrario de voces y frases expresivas del habla venezolana del profesor Márquez se cita que el término atacón (a) es “la persona que suele insinuarse a otras con intenciones eróticas”.

Tener una conquista: Es sinónimo de lo que más recientemente se conoce como “un levante”. Alude, por supuesto,
al flechado por el otro.

Echar los perros: ¿Quién sabe cuándo los  venezolanos comenzaron a usar esta expresión para significar que se corteja a alguien con “furia”?

Caerle a alguien: Tiene el mismo significado que la expresión anterior.

Palo de agua: Es consecuencia de la expresión anterior y aunque originalmente está referida a un aguacero no significa más que alguien que “le cae” a todo el mundo.

Calentar la oreja: También referida al cortejo. Importante aclarar que no todos los que calientan la oreja necesariamente concretan una cita amorosa, lo cual genera una gran “calentera” (rabia)

La relación

Para significar que dos personas se aman, los términos y expresiones empleados a veces no son nada románticos.

Empatarse: A quienes han crecido de los setenta en adelante les es bastante común. Se refiere a la unión de la pareja. De ella deriva una pregunta decisiva: “¿Me das el empate?”. Increíblemente los adolescentes la siguen usando.

Dar una lata: Su origen aún es un misterio, pero se calcula que nació en los ochenta. En todo caso el término se usa para hacer alusión al beso. ¿Qué extranjero imaginaría que “caerse a latas” es sinónimo del inicio de la pasión?

Jamón: El sustantivo del embutido derivado del cochino, el pavo y el pollo comenzó a emplearse arbitrariamente para significar exactamente lo mismo que lo anterior y más o menos en la misma época.

Darse los besos: También es literal, aunque pronunciarla pudiera dar a entender que los besos son un objeto que se está intercambiando como si fueran números telefónicos: “Ana y Pedro se dieron los besos”, por ejemplo.

La traición, la ruptura

A pesar de lo dramáticas que pueden ser estas situaciones, algunas de las expresiones empleadas para describirlas parecen haber sido extraídas de una comedia.

Soplar el bisteck: Cortejar la pareja de otro (a).

Montar los cachos: Ser infiel a la pareja. De ella se derivan expresiones como: “Fulano (a) no cabe por la puerta”, haciendo alusión al gran tamaño de los cuernos en cuestión.

C.V.P: Traduce “corte violento de patas” y está referida propiamente al rompimiento. En el libro de Márquez se señala que también se usa para “detener a alguien en una acción”.
Por ejemplo: “En la oficina, a Graciela le cortaron las patas con lo del permiso”.

Halagos

Si alguna vez le gritan o le susurran estas expresiones en la calle, no se asuste, siéntase privilegiado (a) y consienta su ego.

Está bien buenas tardes: La cortesía sirve para disimular que se habla de una beldad.

Está rico (a): El adjetivo que se usa para señalar la prosperidad de determinado individuo funciona también para referirse a sus atributos físicos. De esta expresión se derivaron: “Está ricarda”, para las mujeres y “Está riquiquín”, para los hombres.

Estar podrido (a)  de bueno (a): Paradójicamente significa que alguien sobrepasa los límites de la belleza física.

Impases e insultos

Las malas palabras no son necesarias cuando la creatividad permite disponer de sencillas construcciones verbales para expresar desagrado.

Anda a llorar pa’l valle: Según Francisco Javier Pérez, esta frase se usaba a finales del siglo 19 cuando ya no se creía en las “lágrimas” del sujeto al que se le decía.

Toma Ubicatex: Del imperativo “ubícate” se derivó irónicamente una “medicina” que sirve para que el desubicado se “cure”. Algunos agregan que este “producto” puede ser ingerido en tabletas, gotas o inyecciones.

Un equis: Se refiere a la insignificancia de algún personaje indeseable. Uno de sus sinónimos es “un nulo”.

¿Más o menos?: Los adjetivos comparativos se usan en forma interrogativa para indicar que no se entiende determinada situación. Por ejemplo: “¿Más o menos como para qué?”.

¡Qué balurdo(a)!: Es todo un clásico y surgió de la mala utilización del término “palurdo” que, según el diccionario Pequeño Larousse Ilustrado, significa “tosco, grosero, patán”.

¿Yo no te dije a ti qué tal?: Sugiere reclamo. En este caso, el pronombre indefinido “tal” tiene la intención de “resumir” lo dicho por el interlocutor. Por ejemplo: “¿Yo no te dije a ti que limpiaras la cocina?” se sustituye por “¿Yo no te dije a ti qué tal?”.

Situación económica

Al igual que en el caso anterior, la bancarrota se vive con metáforas hilarantes.

Ta’ barato, dame dos: Surgió en la época de los setenta, en plena bonanza petrolera, a la cual, justamente, se le decía “la época del ta’ (está) barato”, en la que los venezolanos encontraban grandes ofertas al viajar a Miami. Muy probablemente esté en desuso.

Estoy limpio: La higiene personal sirve para describir que se carece de toda prosperidad.

Salud

Lo coloquial se emplea para hacer el complejo mundo de la medicina un poco más sencillo en diagnósticos.

Tengo el cuerpo malito: Es empleada para indicar que se comienza a sentir cierto quebranto del organismo.

Le dio un yeyo: A alguien, probablemente, se le bajó la tensión. Igualmente se usa para indicar que se siente una gran emoción: “A Rosita le dio un yeyo cuando vio salir a Chayanne al escenario”, por ejemplo. Un sinónimo de ésta es: “Le dio un beri beri”.

Fulano(a) está jipucho(a): Es de antaño. En el libro del profesor Márquez se explica que la palabra jipucho está referida a una “persona de tez pálida con apariencia enfermiza”. Tiene también sus derivados en diminutivo: “Ay, muchacho estás jipuchito”, puede soltar alguna abuela preocupada.

Tengo fogaje: Tiempo atrás se usaba para indicar que setenía una fiebre muy baja.

Satisfacción

La euforia puede generar las más originales frases para expresar deleite y aprobación.

¡Qué fino!: Tuvo fuerza en los ochenta pero siguió siendo usada en la década siguiente y también en este milenio. Puede traducir lo mismo que las otras expresiones incluidas en esta categoría: ¡Qué bien!

Demasiado: Siempre se ha dicho que los excesos no son buenos, pero este adjetivo de cantidad se emplea arbitrariamente para indicar las cualidades de determinado evento o persona. Por ejemplo: “El concierto estuvo demasiado”, “Esa chama es demasiado”.

Eso está pepiado: Al igual que “Eso está propio”, se quedó en los ochenta. Son expresiones que “resumían” cualidades, por lo general, de la ropa. Por ejemplo: “Esa camisa está propia”, “Esta falda está pepiada”.

¡Qué éxito!: Aunque la expresión es de vieja data, hace aproximadamente una década comenzó a ser usada con cierta ironía, humor y quizás algo de envidia. Por ejemplo: “¿Te salió una beca para estudiar en España? ¡Qué éxito!”.

Eso está cartel: Ha sido más usada por las clases populares, no obstante, ya ha calado en otros estratos sociales. Expresa la máxima cualidad de múltiples cosas y tiene sus derivadas: “Esos zapatos están cartelúos”, por ejemplo.

Sí va: Es sumamente empleada para decir: “de acuerdo”.

Despedida

Chévere, vale. Además de términos como “chimbo”, que expresa “de mala calidad”, chamo (a), usado para referirse a personas jóvenes y “vale”, para dirigirse al “amigo de confianza o para dar fuerza a lo que se dice”, existe un término que ha perdurado airosamente en el tiempo.

Chévere: Es el adjetivo que refiere la cualidad suprema de lo venezolano. En el Diccionario del habla actual de Venezuela se explica que es un “coloquio aplicado a una persona, cosa o situación buena, excelente o agradable”. También se agrega que es la “fórmula para contestar a un saludo, con la que la persona indica que se encuentra bien en todo sentido”. Una de las frases más usadas, entre las derivadas de esta palabra, es: “¡Qué chévere!”, aunque también se ha mezclado con las frutas para reforzar su significado: “chévere cambur”, por ejemplo. En el libro del profesor Márquez se explica que “la palabra chévere es de origen cubano, y llega a Venezuela hacia comienzos de los años 40”. Márquez cita a don Fernando Ortiz, un eminente antropólogo cubano, quien investigó que la palabra proviene del africano sébede, “que en calabar, dialecto nigeriano, significa adornarse profusamente, trajearse con elegancia”.

La forma en que decimos adiós o hasta luego ha variado en el tiempo y según el gusto y la edad del hablante. He aquí varios ejemplos que significan exactamente lo mismo.

¿Qué le dijo el mono a la mona? ¡Mo nos!

Nos vemos en el espejo.

Esta morenita de ojos verdes se va.

Esta muñequita se va para otra juguetería.

Bueno, este que está aquí se va.  

Obviamente esto no es todo. La creatividad venezolana da para más y se nutre de las más diversas fuentes. Las frutas aportan lo suyo en frases como: “¡Chúpate esa mandarina!”, muy pronunciada por el periodista y cronista Oscar Yanes para señalar que el oyente asimile y “digiera” una información.

La fauna no se queda atrás con su célebre: ¡Perro! para indicar sobresalto. Y la televisión merece un capítulo aparte: “¡Venga pa’ que lo vea!”, de Musiú Lacavalerie, “La pregunta de las 64 mil lochas”, extraída de un programa de concursos, del mismo nombre, que se transmitía en los inicios de la pantalla chica criolla (cuando la locha todavía era una moneda en circulación), “¿Puedo llamar a un amigo?”, una de las opciones de respuesta en ¿Quién quiere ser millonario?” que transmite RCTV, o “¡¿Qué hiciste papaíto?!, del comentarista deportivo Lázaro Candal para señalar alguna falta cometida en un campo de juego.  El asunto “va para largo”.

Fuente: Estampa

 

 

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