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Boris Izaguirre: Un nombre destinado a ser impreso

boris-izaguirre2Por María Ángeles Octavio “Ciertamente, es agradable ver estampado el propio nombre; un libro es siempre un libro, aunque no contenga nada.”

Lord Byron

Decidió ser escritor cuando vio su nombre impreso por primera vez en un artículo que escribió para el Papel Literario del diario El Nacional de Caracas.

Tenía 15 años, se llamaba “Repeticiones”. Era una especie de poema en prosa y su intención era la de llamar la atención de un caballero que lo volvía loco. Dice no haber conseguido su objetivo, pero al ver su nombre impreso —Boris Izaguirre Lobo-, se dio cuenta de su destino. Se había quitado el Rodolfo porque le parecía muy largo y, siguiendo ese mismo criterio, eliminó el apellido materno. Boris Izaguirre es un nombre destinado a ser impreso.

“Mi persona es una de mis mejores obras. Aunque, si quiere que le diga la verdad, Y de repente fue ayer es mejor. Tiene mejor principio, desarrollo y final”.

-¿Desde cuándo te sentiste diferente al común de tus amigos?

-¿Diferente? Nunca me he sentido diferente, mis amigos quizá sí se han sentido diferentes a mí. Yo soy igual a mi pensamiento, a mis intereses, a mi curiosidad, a mi vocación, a equivocarme y vivir.

-¿Tus padres te han apoyado siempre?

-Siempre, no recuerdo un solo día de mi vida en que haya expresado cualquier tipo de emoción, felicidad, miedo, alegría o pena en el que ellos no me hayan escuchado, guiado y comprendido. Tanto conmigo como con mis hermanos y ahora con sus nietas, son personas únicas.

-Cuéntame, ¿Cómo comienzas en el mundo de los socialités? ¿Qué te inspiró a escribir de las fiestas caraqueñas?

-Sentía gran curiosidad por Pedro J. Díaz, el gran maestro de los cronistas sociales de Caracas. Era amigo de mi madre y venía a casa muchas veces a compartir con ella y con mi padre sus hallazgos del betamax, que entonces eran lo máximo. Fumaba sin parar. Cuando empecé a colaborar en El Nacional, me encantaba pasar por su oficina. Tenía un inmenso collage con fotos de todas las grandes fiestas y sus anfitrionas. En una estaba Joan Crawford inaugurando la planta de la Pepsi Cola frente al Parque del Este. Esto quedaba muy cerca de mi casa. Todo eso me fascinaba. También me desvivía por dos mujeres en particular: Margarita Zingg y Carolina Behrens. Todo lo que hacían, cómo se vestían, las fiestas a las que asistían eran importantes para mí. Sólo me hacía falta oírlas, saber qué pensaban, por qué eran así de fabulosas. Eso fue lo que me impulsó a escribir esas crónicas, para conocerlas, para comunicarle mejor a cualquiera que, como yo, estuviera deseoso de saber qué era lo que las hacía tan fascinantes. Es una labor periodística más, sólo que también necesitas una educación, una sensibilidad especial para aproximarte y descubrir un mundo que nunca, nunca deja de sorprenderte.

-¿Cuándo te das cuenta de que te interesa la moda, los modales, lo que es chic, el glamour y el savoir faire?

-Cuando encuentro lectores que me hacen ver que a ellos también les fascina. Para mí, fue un momento muy importante en mi vida y en mi carrera conocer a Margarita Zingg. Fue un antes y un después. Margarita personifica muchos de esos adjetivos e intereses y al mismo tiempo es una artista, una persona con esa necesidad de vivir, de aprender y de comunicar que también poseo. Fue un click que además coincidió con un momento del siglo XX en que el glamour empezaba a convertirse en un lenguaje, una cultura, un punto de vista para muchas personas.

boris izaguirre

-¿Cómo sabes si tu gusto, tu opinión y tus formas agradan y son apreciadas como correctas?

-Oh, creo que eso nunca lo puedes confirmar. Me horrorizaría que alguien empezara a vestirse como yo, aunque me halaga mucho cuando me dicen que me ven bien o que estoy muy elegante. A ese respecto, el mejor piropo me lo echó la propia Margarita Zingg hace muchos, muchos años, cuando me dijo que era más importante ser distinguido que buenmozo, “porque distinguido siempre te van a quedar bien los pantalones”. Lo juro que lo dijo así, y bueno, yo todavía no lo entiendo mucho, me pregunto: ¿y si los distinguidos tenemos el culo plano? En fin, lo acepto y lo promuevo.

-Dicen que eres tímido. Sin embargo, muestras una cara llena de desparpajo y descaro. ¿Cómo compensas estas características de tu personalidad?

-Soy muy tímido. Me aterroriza cuando entro en un salón y no conozco a nadie; sin embargo, ellos sí me conocen o creen conocerme. Muchas veces la gente que me saluda, saluda a una persona que o han leído o ven por la televisión. No me parezco a ninguna de las dos, ni tampoco a mis personajes, así que cada vez soy más mecánico al saludar.

También es verdad que la televisión, por ejemplo, siempre es muy familiar. Los estudios son sitios muy cerrados, uno le habla a la cámara, no a toda la gente que pueda vernos en sus casas. Esa es la clave: los que nos ven en sus casas creen que les estamos hablando directamente, pero nosotros sabemos que lo hacemos a un aparato.

-¿Por qué te vas de Venezuela?

-Siempre me pareció que iba a ser un caraqueño más feliz y más caraqueño viviendo fuera de Caracas. Es una cosa difícil de explicar y que me tomó un cierto tiempo aceptar. Pasaron 26 años para concretarse. No tenía trabajo en Caracas y me ofrecieron un puesto en Santiago de Compostela. Entonces, me paré delante del Ávila y le dije: “Ahí te quedas y yo me marcho a Santiago de Compostela”. Me fui con un contrato de trabajo para escribir una telenovela que nunca se hizo, pero mientras la escribía, llovía y veía llover día tras día. Uno de esos días apareció mi marido, Rubén Nogueira, y España se convirtió en el país donde todos mis sueños se habían hecho realidad.

-¿Por qué te haces español? ¿Qué ganaste con esto? ¿Renunciaste a la nacionalidad venezolana?

-Después de varios años como residente, los latinoamericanos podemos optar a la nacionalidad y llamé a mi papá para preguntarle si era un problema para él si dejaba de ser venezolano. Él me dijo que si para mí era lo mejor, que adelante. Cuando nuestra Constitución aprobó la doble nacionalidad, o mejor dicho, que nunca se deja de ser venezolano, recuperé mi pasaporte venezolano. Sin embargo, mi vida está hecha en España. Mi matrimonio es legal gracias a España, mis libros se editan en España. Mi trabajo televisivo también está en España. Es muy probable que mi cuerpo también descanse para siempre en España. Es curioso eso de ser inmigrante y tener éxito en el país de adopción. Juan Gabriel, cuando le conocí, me miró a los ojos profundamente y me dijo: “Es muy raro que alguien triunfe en un país que no es el suyo, por eso hay que celebrarlo el doble”. Y yo lo hago y lo agradezco, pero cuando me preguntan ¿qué soy?, siempre respondo: Primero, caraqueño. Luego, escritor. Y, claro, un escritor que escribe en español.

-¿Qué te lleva a la fama en Madrid?

-Haber formado parte de Crónicas Marcianas, el programa que marcó un antes y un después en la televisión española y latinoamericana. Pero antes de eso, Madrid fue muy benevolente conmigo gracias a mi amistad con Miguel Bosé. Como todo el mundo sabe, fue su idea que me trasladara a Madrid, que me quedara incluso en su casa, donde conocí a su madre y me construí una especie de familia española muy especial. Con Miguel sí que di el salto al glamour total, claro, al tiempo que me iba educando para asumir todo ese nuevo estilo de vida. Los Bosé fueron mi universidad.

-¿Cuál es el secreto de tu éxito?

-Creo que el éxito es una mezcla de mucho esfuerzo y también de mucha convicción. Por eso es tan contradictorio y flexible. En esta vida hay éxito para lo bueno y también para lo malo, pero en ambos casos siempre hay una fuerte dosis de lucha y tesón. Pero bueno, un secreto: saber estar solo y nunca dejar de usar un buen hidratante, eso jamás.

-¿Con cuál de tus novelas te sientes más identificado?

Villa Diamante, sin duda. Es una novela para gustar, para seducir. Como cuando decidí que tenía que conocer a Margarita Zingg y lo conseguí, así escribí esta novela, deseando que muchas, muchas mujeres se identificaran con Ana Elisa y su deseo de perdurar. Quiero mucho a Villa Diamante, es mi antes y después.

-En tu nueva novela cuentas una historia que ocurre en Cuba. ¿Por qué allí?

-Me pareció que era el momento. Igual que con Villa Diamante, la he podido haber escrito a mis 20 años, pero tuve que esperar 20 más hasta verla clara. Con Y de repente fue ayer pasó lo mismo. Es la historia de una amistad, un país, del nacimiento de la telenovela y la revolución cubana, contada a través de los ojos de un hombre que tiene cataratas, que es un sobreviviente, un escritor que nadie reconoce como tal, que se inventa historias de amor y es incapaz de amar, que ve avanzar la traición y el engaño y no puede detenerlos. Es una novela muy honda, muy sentida.

-¿Qué personaje de ficción quisieras ser y por qué?

-¿Un personaje de ficción? Pero si hay gente que jura que Boris Izaguirre es uno. ¿Cómo voy a decepcionarles queriendo ser otro?

-¿Cuál persona de la historia y cuál del mundo actual?

-De la historia, Jacquelinne Kennedy Onnasis. Actual, de verdad que me encantaría ser un hombre, pero a casi todos los encuentro aburridos. Así que Scarlet Johannson.

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