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Tulio Hernández: Venezuela no es una dictadura, pero tampoco una democracia

tulio hernandezEl sociólogo venezolano, Tulio Hernández, estará en la Universidad Complutense de Madrid impartiendo la conferencia magistral sobre “Venezuela 1999-2014: Una nación silenciada. Libertad de expresión y derecho a la comunicación en el marco de un autoritarismo del siglo XXI”. La cita es este miércoles 14 de mayo de 2014 a las 13:00 horas en el aula C006 del edificio nuevo de la Facultad de Ciencias de la Información.

Noé Pernía: ¿Hay coincidencias entre el fenómeno político de Venezuela y las experiencias totalitarias de Europa?

Tulio Hernández: Son fenómenos de naturaleza muy distinta. En Venezuela no hay, por lo menos no todavía, un régimen totalitario con privación absoluta de libertades como el nazismo de Hitler, el comunismo de Stalin o el franquismo. Lo que existe es un fenómeno que algunos caracterizamos como “neoautoritarismo”, es decir, el intento de ejercer el control político absoluto pero manteniendo un mínimo de libertades que le permita al régimen aparecer en el escenario internacional como democrático.

Pero sí hay muchos puntos de coincidencia, especialmente con el fascismo y el nazismo: el culto a la personalidad del jefe único; el uso de la violencia contra los adversarios a través de grupos de civiles entrenados para esos fines; la reiteración de grandes concentraciones de masas y desfiles militares con la población civil uniformada; la criminalización e intento de degradación moral de los opositores convertidos en “enemigos de la patria”; el control casi absoluto de los medios de comunicación; el intento de imponer por la fuerza un pensamiento y un partido único y una reinterpretación radical de la historia nacional; la construcción de un aparato descomunal de propaganda y proselitismo; ente otros.

Noé Pernía: ¿No hay cierto anacronismo en comparar a Venezuela con la Unión Soviética, la Alemania del Reich o la España ultracatólica del franquismo?

Tulio Hernández: Sí, claro. Pero la anacronía no proviene del análisis sino de las prácticas del poder. Cuando usted ve a todos los ministros vestidos de rojo rindiéndole pleitesía a un caudillo que, además, les da órdenes frente a las cámaras e, incluso, los veja; cuando miras un edificio del Plan Vivienda que tiene la firma de Chávez, una firma de unos quince o veinte metros de tamaño, en la fachada; cuando ves en todas las ciudades retratos gigantescos de Hugo Chávez y Maduro, del tamaño de un edificio de treinta pisos; cuando verificas el cada vez más grande aparato comunicacional del poder omnímodo, la censura a periodistas y como van desapareciendo los medios que informan; cuando conoces impotente las torturas a los estudiantes que protestan, el encarcelamiento sin debido proceso a miles de ciudadanos y dirigentes políticos, no puedes dejar de pensar, aunque sea diferente en el estalinismo, el hitlerismo y el franquismo. La semana pasada, por ejemplo, el general Rodríguez Torres, ministro del Interior, luego de desmontar por la fuerza los “campamentos de la libertad”, un tipo de protesta exactamente igual a la de los “indignados” en España, dijo entre otras cosas que en esas carpas ocurrían hechos “bochornosos” y mucha “promiscuidad”. Ante un general cruel y a la vez moralista, que considera el sexo “bochornoso”, ¿cómo no recordar el franquismo?

Noé Pernía: Algunos sectores en Europa son reacios a calificar de “dictadura” a un gobierno que ya lleva 15 años ganando elecciones, ¿no hay otras categorías políticas que pudieran calibrar con mayor precisión lo que pasa en Venezuela?

Tulio Hernández: Es que, efectivamente no es una dictadura militar, no todavía. Ni un gobierno comunista, no todavía. Pero tampoco es una democracia. Es una forma absolutamente nueva de ejercer el autoritarismo. Para decirlo metafóricamente, es una “mutación” de los autoritarismos y totalitarismos del siglo XX. Es el autoritarismo en la era de Internet.

Hay partidos políticos pero su acción está totalmente acosada, con dirigentes presos unos, otros en la clandestinidad, otros huyendo o inhabilitados por los jueces, que son los nuevos esbirros del régimen. Hay elecciones, pero el árbitro electoral está dirigido por militantes del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), el partido de gobierno. Hay propiedad privada y subsiste una economía de mercado pero cada día hay menos libertades económicas, se estatizan empresas, se invaden y se expropian fincas productivas, se fijan precios que llevan a la quiebra a industrias. Es cierto que hay elecciones, Hitler y Mussolini también ganaban elecciones, pero no hay autonomía de poderes, que es el fundamento de la democracia. La Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía, etcétera, son meros apéndices, mandaderos en sentido estricto, del poder ejecutivo o, digámoslo con más precisión, del Presidente. Es grotesco y humillante ver en actos públicos a la presidenta del Consejo Nacional Electoral portando símbolos del PSUV y celebrando hechos como el golpe de Estado de 1992.

El neoautoritarismo es, en esencia, dictatorial porque se ejerce violando permanentemente la Constitución. Además, mientras Chávez estuvo al frente, el neoautoritarismo era, además, una autocracia, un gobierno de un solo hombre que arropa todos los poderes.

Noé Pernía: ¿Qué fuerza es más poderosa en Venezuela en cuanto a la libertad de expresión: la represión o el miedo?

Tulio Hernández: Las dos operan igual. Pero no es como en las dictaduras, donde el control se basa en la censura previa. Ni como en los comunismos, donde simplemente no hay medios independientes, todos son del Estado y el partido. En el neoautoritarismo venezolano la libertad de expresión es un simulacro organizado alrededor de cinco estrategias.

Una, la creación de un sistema de medios gigantesco, con televisoras, radios y periódicos, que no son públicos, ni del Estado, sino del proyecto político en el poder, una aparato propagandístico. Dos, el chantaje a los medios privados a través de la amenaza de quitarles la licencia, en el caso de la televisión; o negarles los dólares para adquirir papel, en el caso de la prensa escrita. Tres, la intimidación física a través de la violencia, golpeando a periodistas, robándoles sus equipos de trabajo, destruyendo los automóviles en los se desplazan, incendiando salas de redacción de diarios, apedreando sedes de televisoras. Cuatro, un sistema de leyes que asfixia la libertad, es común la imposición de multas millonarias a medios o la apertura de procesos judiciales con privación de salir del país a periodistas y directivos por algún contenido que no le gustó al régimen. Y quinta, la que más daño ha hecho, la compra, bien sea directamente por parte del gobierno o a través de capitalistas orgánicos del gobierno, lo que se conoce como “la boliburguesía”, de medios que les resultan molestos al poder. La última televisora con información crítica que quedaba, Globovisión, fue adquirida por un grupo boliburgués y ahora parece una oficina de prensa del gobierno rojo.

Noé Pernía: Ernesto Laclau, que acaba de morir en 2014, reivindicaba el “populismo” en América Latina. Muerto Chávez, ¿qué vigor tiene ese populismo?

Tulio Hernández: El populismo ha sido un componente fundamental en la cultura política latinoamericana. Algunos teóricos como Laclau le encuentran una dimensión positiva en tanto dispositivo ideológico que de alguna manera genera inclusión y reconocimiento de las masas pobres de nuestros países. Otros, en cambio, lo consideran como el gran enemigo de la democracia y el desarrollo económico en tanto generador de paternalismo, clientelismo y asistencialismo que estatiza las relaciones y suprime la iniciativa individual, además de sustituir el debate ideológico por la emocionalidad.

En Venezuela, los adecos –los militantes del partido Acción Democrática–, pioneros de la democracia, fueron grandes populistas y cuando se separaron de esa cultura en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, el partido prácticamente se suicidó. Chávez llevó el populismo y el existencialismo al máximo conocido en América Latina, solo comparable con el discurso de Eva Perón. Pero, por esa misma causa, terminó destruyendo la economía, creando un hueco fiscal del tamaño del lago de Maracaibo, y convirtiendo a los más pobres en grandes enjambres de pedigüeños que dependen del Estado que los incluye a través del mercado (del dinero cash de las “Misiones”) pero no cambia estructuralmente su situación de pobreza y desempleo. Es una tragedia. El legado de Chávez es una tragedia.

Noé Pernía: ¿Qué diagnóstico o análisis podrías formular sobre los medios de comunicación tradicionales y el auge de las redes telemáticas?

Tulio Hernández: Es obvio que estamos en medio de la más grande transformación del entorno comunicacional que hayamos conocido desde, primero, la invención de la imprenta y, luego, de los medios radioeléctricos. Entramos en una nueva era que apenas está comenzando y, obviamente, todo va a cambiar. Lo que no necesariamente significa que los medios tradicionales van a desaparecer. Van a cambiar también, sobe todo en sus soportes técnicos. Lo cierto es que ya tenemos nuevos y poderosos canales que como los blogs, el twitter o las demás redes de mensajes, o recursos de registro como los teléfonos inteligentes, tienen cada vez más peso como mecanismos de información e interacción.

Los venezolanos lo acabamos de experimentar. Aún sin medios que informaran, las redes sociales se convirtieron en el gran comunicador, y los registros en video y fotografía de los abusos de poder, la barbarie represiva y los asesinatos del gobierno trasmitidos por esa vía encendieron al país y le dieron la vuelta al mundo haciendo caer la máscara democrática que con tanto cuido Hugo Chávez había mantenido sobre su rostro. Sin redes sociales todo hubiese sido distinto.

Acerca del autor
Noé Pernía es periodista e investigador con amplia experiencia en medios de comunicación. Orientado hacia los proyectos audiovisuales y digitales, la difusión cultural y la docencia. Actualmente se desempeña como productor y corresponsal para Iberoamérica en España, Italia y El Vaticano.
  1. Yelina Nieto Reply

    Excelente artículo.

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